Como camarero te sirvo una taza de café a la temperatura perfecta, con el que tendrás la tranquilidad de no quemarte la lengua en el primer trago, un café en el que he puesto todo mi empeño, molido grano a grano y el cual desprende un aroma tan embriagador que tan solo de olerlo, desearías tomarlo cada mañana, yo, como camarero, nunca antes habia servido ningún café tan apetecible, intento acertar con la cantidad justa de azucar y lo acompaño con una galletita para darle el punto dulce y un vasito de agua para reducir el amargor.
Justo en el momento de ponertelo en la mesa, suena tu teléfono, parece una llamada importante, la conversación por tu parte está llena de silencios, como si lo que te dijesen te hiciese pensar en cosas que no te habías planteado, la conversación se alarga durante largos minutos. Yo, desde detrás de mi barra, veo como aún no has tocado el café, te veo coger la cucharilla y removerlo una y otra vez, pero no terminas ni siquiera por mojar tus labios con él...Tengo miedo que cuando termines la llamada, el café se haya enfriado y haya perdido ese sabor mágico, pero desde donde estoy, no puedo pedirte que cuelgues y gritarte que lo pruebes, ya que mi jefe me despediría por incompetente y yo tampoco me sentiría bien conmigo mismo. Solo me queda esperar que decidas colgar, o en su defecto, que te lo tomes mientras hablas.
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