Día: 13...0:01
Nota de interés: Después de la resaca del gorgorito, es hora de descansar, sentarse con amigos y por qué no, jugar una partida de póker. Sí, póker, ese juego que se ha puesto tan de moda con la retransmisiones de campeonatos y el abandono progresivo del universitario de la típica y castiza partida de Mus o "Pocha" en pos de este juego tan universal.
Todo el que tenga un mínimo de conocimiento sobre póker, sabe que tener una pareja de K, no es buena mano para ganar la partida, pero menos es una pareja de 2 y tu contrincante puede tenerla. La vida, a veces es como una partida de póker, te reparte las cartas y tú siempre puedes decidir si jugartela o no hacerlo, todo depende del valor de cada uno y la confianza en tus cartas. Cierto es, que con una buena mano, arriesgarse es mucho más fácil, por lo que puedes ser alguien con suerte que al barajar las cartas y repartir te salgan 3 ases o puedes jugar 100 veces y no ver un As en tu vida, como si alguien los hubiese quitado de la baraja.
Como sabeis, yo hace tiempo tuve una muy buena mano, pero pensé que alguien tendría póker de ases y perdería la partida, por lo que no arriesge, sí, lo sé...un idiota. Hoy sería capaz de lanzarme con una pareja de K. ¿Por qué? Porque en la vida, pocas veces salen dos manos tan buenas y al final, acabas arrepintiéndote toda la vida de no haber arriesgado cuando tuvistes que hacerlo.
Está claro, que ya han repartido las cartas, no las he mirado, aún están boca abajo tal cual me las repartieron, no sé si tendré un As, dos o ninguno, no se cómo irá mi partida, no sé si tendré que volver a coger carta o no, solo sé que hay una carta que no quiero soltar, una carta que marqué en su tiempo, la reconozco incluso sin mirarla y que como un tahúr siempre me gustaría tener entre mis naipes. Las demás cartas son prescindibles, tan solo con ese Naipe ganaría a cualquier escalera de color, póker y repóker.
Un saludo desde la Timba de mi túnel.
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