martes, 22 de marzo de 2011

TU PUNTO Y A PARTE.

He esperado sentir algo asi, toda mi vida, ahora que por fin lo encuentro, tengo que limitar la velocidad.

Tengo un Ferrari a 30kms/h recorriendo una carretera en la que aconsejas ir a 10kms/h. Has construido una carretera de mil curvas y doscientas salidas de servicio, segura si vas a la velocidad que recomiendas, pero en la que es difícil disfrutar de disponer de un Ferrari. Una velocidad con la que presupones que se evitarán accidentes, con la piensas que no habrán heridos, sin darte cuenta que a veces ir a tan poca velocidad, puede provocar tanto o más contratiempos que ir a una velocidad mayor, incluso puede complicar llegar al destino que tenías marcado.

Como te digo, he adquirido un Ferrari al que podría poner a más de 250kms/h y aunque no me importa tener que esperar para testearlo, tengo miedo de darme el "piñazo" en esta carretera y a esta velocidad, antes de disfrutarlo. Mientras tanto, tu avanzas en la otra vía con el primer modelo de automóvil que se creó, el cual no es capaz ni de alcanzar esos 10kms/h aconsejados, es inseguro, se desvía constantemente y cuando freno para esperarte, el tuyo se cala.

He llegado a frenar por completo mi Ferrari, retirarlo a un arcén, me he puesto mi chaleco reflectante, he colocado los triángulos y te he esperado. Cuando has llegado al punto donde me encontraba, te he tendido la mano y te he pedido que subas a mi Ferrari, que yo te llevo, que conozco una carretera con menos curvas, en la que las limitaciones de velocidad no existen, pero en la que te aseguro conducir con muchísima precaución para que nunca te pase nada. Aun asi, tienes miedo a subir conmigo y empiezo a tener dudas de si es por la velocidad que puede alcanzar este coche o es por el conductor.

El coche siempre podría cambiarlo por otro de menor cilindradas, pero el conductor soy yo y aunque quisiera, no podría nunca cambiarme.

Te quiero e intento adaptarme a tus normas de circulación, crea o no si son las más aconsejables para que nuestro viaje tenga un destino común. Yo solo puedo ofrecerte lo que tengo y lo que soy. A ti te sale tratarme asi, y a mi me sale tratarte de esta manera, no lo puedes evitar y yo tampoco.

Por todo esto, esta mañana he decidido poner un punto y a parte a este blog, el cual creo que te agobia más, que demostrarte lo que siento. Y a lo mejor no solo es ese el problema, y con él si consigo hacerte ver lo que te necesito y te quiero, pero es muy probable que te de miedo leer cuán grande es todo esto. Por eso creo que hoy, nada, aunque si alguien puede asegurar que no se trate de un un punto final.

Te dejo la puerta abierta de mi coche para cuando no tengas miedo a subir conmigo. Sabes que Te quiero y estoy dispuesto a esperar lo que sea necesario.

Un saludo y hasta pronto.

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