Eternos caminos en un desierto que desgasta mis fuerzas con cada día que pasa, el agua del oasís que dejé atrás, ya lo consumí. Me espera, mínimo otro mes, hasta volver a encontrarme con semejante refugio, mientras tanto, tengo que asumir que el poder que sentía en aquel paraje, irá desapareciendo poco a poco con el paso del tiempo, tal cual lo hace la estela de un cometa.
Y volveré a llegar apenas sin fuerzas, derrumbado a esa orilla, pero con la tranquilidad de que tan sólo con el primer sorbo, volverá hacerme resurgir, que me convertirá una vez más en la persona más Poderosa e Importante del Mundo. Poder, esa es la sensación, que siento a tu lado y la sensación que tanto añoro en la distancia.
Hasta hoy, solo la distancia me separaba de saciar mi sed, sin pararme a pensar en el guardián o guardianes de dicha agua, a los cuales, tarde o temprano tendré que rendir cuenta y explicar por qué vengo a robar su más preciado tesoro y demostrarles que soy digno de beberla. Lo cual será complicado de hacer, ya que ni tan siquiera a mi, soy capaz de demostrármelo. Me siento como un ladrón que se apropia de algo que no le corresponde. Es imposible que algo tan maravilloso me pueda pertenecer de manera lícita, incluso los sueños se empeñan en recordármelo, esos mismos sueños que me hicieron tenerte incluso cuando no te tenía.
Mientras tanto, el calendario de tu ausencia sigue arrancando hojas y yo cada vez, temo más no responder a las expectativas y me aterroriza no saber vivir sin ti, una vez habiéndote tenido.
Gracias.
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